TOXIC DETECTIVE, de Claudio Cerdán y Sergio Carrera




La novela gráfica ha sido aclamada por la crítica, y no es de extrañar. No es habitual ver una historia como ésta de la mano de un autor nacional.


Toxic Detective presenta un thriller noir que se sale de la habitual en varios sentido. Cuando comienzas a leer, ves enseguida un poco de Frank Miller y un poco de Brubaker, por lo que ya piensas "vamos bien".


El protagonista, un hombre que vive encerrado en su casa, aquejado de una terrible enfermedad que le hace sensible a todo tipo de productos químicos, se ve envuelto en un misterio, o un posible crimen, que no le queda más remedio que intentar desentrañar: su novia, aquejada del mismo síndrome que él, desaparece sin dejar rastro de su apartamento. Cosa imposible e impensable por su condición.



Pero claro, sin salir de su habitación, difícil tarea. Deberá armarse de valor (y pertrechos) para salir a la calle y seguir las pocas pistas de que dispone. La búsqueda que emprende será también de crecimiento personal, y de los propios sueños. Pero la ciudad es un enemigo hostil, mucho más que los que puede ir encontrándose físicamente.

El dibujo acompaña a la perfección, representando la sensación de agobio, la suciedad, la exposición constante a todo tipo de productos y materiales, y el bombardeo físico y psicológico que sufre el protagonista. Me ha recordado a Tony Harris en Ex machina (y esto es muy positivo), por la anatomía de los personajes, la expresiones, el movimiento.